Pedalear el Camino Ignaciano es revivir sobre dos ruedas la ruta que Ignacio de Loiola emprendió en 1522 desde Azpeitia hasta Manresa tras su conversión espiritual, con la mirada puesta en Jerusalén. El trazado ciclista presenta algunas variantes respecto al sendero para caminantes, así que conviene prestar atención a la señalización, aunque el hilo conductor es el mismo: desde la casa natal del santo en Loiola hasta la Cova de San Ignacio, cerca del Monasterio de Montserrat. El paso por Euskadi es exigente y duro, con unos 200 kilómetros repartidos en cuatro etapas que atraviesan seis comarcas: Urola Garaia, Urola Erdia, Debagoiena, Llanada Alavesa, Montaña Alavesa y Rioja Alavesa. Es una oportunidad excelente para descubrir rincones poco transitados del interior vasco y vivir una experiencia con el espíritu del Camino de Santiago, pero en un escenario más íntimo y montañoso.