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Rioja Alavesa más allá de la bodega

Araba / Álava · 2 días · vino y patrimonio ·

Bajo las calles de Laguardia hay un estanque de hace 2.100 años. Mide 18 por 15 metros, sus muros alcanzan los tres metros y servía para guardar más de 300.000 litros de agua de un manantial del cerro; se considera el mayor depósito de la Edad del Hierro conocido en el continente. Está a unos pasos de las bodegas subterráneas que horadan el subsuelo de la villa, y resume lo que ofrece la comarca a quien levanta la vista de la copa: dos mil años de gente viviendo del mismo suelo.

Por qué ir

Rioja Alavesa es una franja estrecha entre la Sierra de Cantabria y el Ebro con pueblos amurallados, dólmenes, iglesias fortificadas y lagunas saladas, todo a pocos kilómetros unos de otros. El vino está en cada esquina, pero dos días dan para ver lo que había antes de las bodegas y lo que las rodea.

Día 1

La mañana es para Laguardia, un casco peatonal amurallado desde el siglo XIII. Se entra por la Puerta Nueva, una de las cinco originales, y se llega a la Plaza Mayor, porticada, con los autómatas del reloj del Ayuntamiento. La Calle Mayor alinea casas solariegas de los siglos XV al XVII hasta Santa María de los Reyes, cuyo pórtico de finales del siglo XIV conserva una policromía del XVII poco habitual en piedra; a su lado, la torre Abacial pasó de construcción militar a campanario. San Juan Bautista, iglesia y fortaleza a la vez, guarda la portada románica de los abuelos.

El estanque celtibérico de la Barbacana se visita dentro del casco, y para entender la comarca hay dos centros: Villa Lucía, dedicado al vino, con catas virtuales de aromas, y Lagum, que recorre la historia de la zona desde la prehistoria. Las bodegas excavadas bajo las casas se conocen en rutas guiadas; algunas todavía elaboran vino de forma artesanal.

Por la tarde, a las afueras, el poblado de La Hoya muestra un asentamiento de unas cuatro hectáreas habitado durante más de mil años, entre el 1200 y el 250 antes de Cristo, con un museo que reproduce el poblado. Desde allí, el complejo lagunar queda a un paso: cuatro humedales, tres de ellos naturales y salinos, las lagunas hipersalinas más septentrionales del continente, recorridos por un sendero circular de 9,6 kilómetros en forma de ocho. En verano se secan salvo la balsa del Prao de la Paúl, la única con sendero accesible y observatorio de aves.

Día 2

La segunda jornada empieza en Elvillar, vecino de Laguardia, con el dolmen conocido como Chabola de la Hechicera, descubierto en 1935: cámara de nueve losas, galería de cinco y una cubierta que apareció partida en tres. En el pueblo, la iglesia de la Asunción aprovecha los muros del antiguo castillo y guarda uno de los retablos mayores más destacados de la Rioja, del siglo XVI.

Hacia el sur, Elciego junta en un mismo plano la iglesia de San Andrés, donde conviven restos góticos, un crucero renacentista y una sacristía neoclásica, con el edificio que Gehry diseñó para Marqués de Riscal junto a la bodega original de 1860. Un paseo de unos 2,5 kilómetros entre viñedos pasa por dos miradores, San Vicente y San Roque, y por un jardín mediterráneo.

La tarde cierra en Labastida. Su casa consistorial barroca del siglo XVIII abre a la plaza con tres arcos, la iglesia de la Asunción tiene portada clasicista del XVII y un órgano de la misma época, y en el casco se conservan los arcos de Toloño y Larrazuria, antiguas puertas de la muralla. Lo que distingue a Labastida son los lagares rupestres: doce estructuras excavadas en arenisca entre los siglos XII y XV, pensadas para zonas sin muralla, unidas por una ruta circular de unos diez kilómetros. Quien no quiera hacerla entera puede ir solo al lagar de Marrate Monte Buena Norte, el mejor conservado.

Caja práctica

Cómo moverse: la comarca se recorre en coche; hay autobús hasta Laguardia, pero los dólmenes, las lagunas y los lagares quedan lejos de las paradas. Elciego y Labastida, en la ribera del Ebro, se encadenan en la misma jornada.

Cuánto pide cada cosa: el casco de Laguardia, una mañana con el estanque y un centro; La Hoya, una hora; las lagunas, dos horas y media por el sendero completo; el dolmen, media hora; el paseo de Elciego, una hora; los lagares de Labastida, media tarde.

Cuándo no ir: a las lagunas en pleno verano, cuando tres de las cuatro están secas; las mejores épocas son primavera y otoño.

Qué llevar: agua para la ruta de los lagares, prismáticos para el observatorio del Prao de la Paúl y calzado para los caminos de tierra entre viñas.

Si te sobra tiempo

La bodega Ysios, entre Laguardia y Elvillar, es obra de Calatrava: su cubierta reproduce una hilera de barricas y se ve desde el camino.

Navaridas guarda el poblado de Alto Castejón, un yacimiento de 16 hectáreas de la Primera Edad del Hierro excavado entre 2010 y 2014, con un centro de interpretación en la antigua casa de los Sodupe y una laguna estacional con sendero de 2,4 kilómetros.

En los extremos de la comarca quedan Labraza, aldea de Oyón cuya muralla se funde con las casas desde que fue villa navarra en 1196, y el puente de Mantible sobre el Ebro, con dos de sus siete arcos medievales en pie.

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